Píldoras en Memoria de un Escritor

 

Por Lucas Marín Aponte 

Una noble forma de honrar la memoria de un ser querido, es recordar con alegría y en mayúscula, los gratos momentos y procurar conducirnos por los senderos de la existencia de tal manera que nuestras acciones, sirvan de ejemplo para las presentes y futuras  generaciones.

Hoy bajo la tutela de la sangre, presentamos estas sencillas líneas, en homenaje al escritor y comunicador estratégico, ÁLVARO MARÍN OCAMPO, fallecido en la ciudad de Manizales el pasado viernes 18 de junio de 2021, a la edad de 72 años, en su residencia del barrio la Francia, aunque su presencia física dejó de acompañarnos. Su legado seguirá marcando un derrotero en todos sus familiares, como en aquellas personas que tuvieron el gusto de disfrutar  de sus tertulias.       

Digamos que en su particular didáctica de la historia evidenciada en cada reunión familiar, que   complementada con sus dotes para la oratoria y la declamación, fueron pretexto perfecto para sembrar en sus allegados ese interés por conocer y ahondar más acerca de nuestros antepasados y tradiciones; con todos esos rumores de enjalmas y disparos en la guerra de los mil días con sus mulas guerreras, también los caminos de arriería en la hacienda Cascarero; claro que primero las vísperas, luego las viandas y para rematar el aguardiente amarillo de Manzanares, para la abuela Silvia o ¡Uchuva!, como solía llamarla con cariño.  

Como lo menciona el periodista y amigo Germán Ríos Martínez, su ilimitada imaginación le permitió diseñar campañas publicitarias muy recordadas como, Manizales, el mayor desafío de una raza, elaborada en 1985 después de la erupción del Nevado del Ruiz. También fue suya la frase de la Industria Licorera de Caldas, los sabores que se tomaron a Colombia.  Hago claridad en la nota, que Álvaro Marín, era egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, no de la Javeriana. Ocupó la gerencia de múltiples empresas, incluidas importantes cadenas radiales y de publicidad, como Nichols y Sancho, se desempeñó por muchos años como columnista habitual del diario La Patria, con mucha pulcritud en el manejo del idioma, así como en su apariencia física.

Finalizo haciendo referencia a un texto sencillo, pero clave, que nos permite atisbar un poco su inmenso acervo intelectual y lingüístico, se trata de Voces Fatigadas, en su colección hojas sueltas, y en calidad de arqueólogo de la palabra, nos presenta un extraordinario glosario de palabras ancestrales de la lengua castellana, y de nuestro argot criollo, llenas de musicalidad, unas ya en desuso y otras en riesgo de extinción, dedicadas a la memoria de su querida madre, y en donde el mismo autor nos da las gracias a los lectores ociosos, por perder el tiempo entre sus líneas, diciéndolo en buen romance.

Nadie puede afirmar a ciencia cierta, cuantos años va a durar,  pero siempre habrá muertes que parecerán  prematuras, y así nos sentimos, cuando caemos en cuenta que nuestro maestro de ceremonias. El hombre de discursos, poesías; semblanzas y centenarios, de repente ya no está con nosotros,  por fortuna su presencia espiritual permanece en las más bellas manifestaciones de la palabra. Un legado del que seguiremos haciendo memoria, tanto en verso como en prosa, con un poco de melopea, en una guitarra que ríe y que llora.    

Dejas un vacío inmenso entre tus familiares y amigos, pero estamos seguros que desde tu nueva morada celestial, estarás orgulloso de ver en tus descendientes aplicar en la realidad ese aforismo de Gregorio Marañón que hace más de una década me compartiste: “La libertad no es legítima si no se da con una dosis semejante de responsabilidad y el que no sienta la responsabilidad es indigno de ser libre”. Una frase que nos cae como anillo al dedo, para que no perdamos el norte en medio de la crisis  actual y como colombianos podamos asumir los desafíos que demanda la sociedad moderna.  

¡Hasta siempre Padrino!

 

Resumen: 
Una noble forma de honrar la memoria de un ser querido, es recordar con alegría y en mayúscula, los gratos momentos y procurar conducirnos por los senderos de la existencia de tal manera que nuestras acciones, sirvan de ejemplo para las presentes y futuras generaciones.
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