Decálogo de libertad de prensa para servidores públicos novatos

Cada vez son más las personas que llegan a cargos públicos relevantes en donde reciben toda clase de críticas, pero que por su falta de experiencia para lidiar con la prensa no entienden cuál es el papel de esta. Unas claves para ser un servidor público que entiende la función periodística como parte esencial de la democracia:

1.     El periodista no es el enemigo.

2.     Al asumir como servidor público debo entender que con el cargo viene la carga de tener una menor protección de los derechos a la intimidad, honra y buen nombre. Si decido ser elegido por voto popular, esta carga es aún mayor. Así que estoy más expuesto que un ciudadano del común.

3.     Si un columnista me critica no es porque sea un huérfano del poder. Las opiniones son personales y todos tienen derecho a hacerlas. Debo recordar siempre que la opinión no está obligada a ser veraz y no tiene por qué ser imparcial, sino que su importancia se basa justamente en la subjetividad.

4.     Toda la información es pública en principio y solo puede restringirse el acceso a esta en caso de que una ley así lo consagre. El derecho de acceso a la información pública se rige por los principios de máxima publicidad y transparencia. La información le pertenece a la ciudadanía, no a los funcionarios de turno.

5.     Cuando un periodista me eleva un derecho de petición es porque quiere información veraz, profunda, completa y de primera mano, no me está atacando. Estoy obligado a responder oportunamente y lo que me preguntan. Si creo que es información reservada deberé demostrar que una ley lo dice así.

6.     Atacar a los periodistas y medios críticos solo ayuda a crear un clima inapropiado para la libertad de expresión y puede animar a otros a acosar o violentar a los periodistas. Como funcionario debo dar ejemplo de respeto a la libertad de prensa y reconocer que es un baluarte de la democracia.

7.     La publicidad oficial de la que soy ejecutor no es para promover mi imagen, sino para difundir campañas necesarias para mejorar la vida pública. No puedo manejarla como premio a los turiferarios de turno y menos negarla como castigo a quienes me critican.

8.     Si un periodista me hace preguntas difíciles está haciendo su trabajo, la complacencia con el poder no es de buenos periodistas. Un servidor público se debe al público y por eso al responder a las preguntas de los periodistas está cumpliendo el cometido de informar a la ciudadanía.

9.     El personal de prensa a mi servicio está para facilitar el trabajo de los periodistas, no para impedirlo; y menos para ayudar a posicionar mentiras. Tampoco son ellos los capacitados para responder, soy el único responsable de la información a mi cargo.

10.  Los periodistas se pueden equivocar y esto no implica que actúen de mala fe. Si creo tener la razón sobre algo diferente a lo dicho por el informador, le pido que corrija o rectifique. Si no lo hace puedo acudir a la justicia, y esto debe ser un caso extremo. De nada sirve armar escándalos en las redes sociales si no presento las pruebas de lo que afirmo.

Resumen: 
El periodista no es el enemigo.
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